La nueva versión de Linux no aporta cambios drásticos para el usuario pero da un importante paso adelante en los entornos de alto rendimiento y misión crítica. Linux 2.6 agiliza los procesos de acceso y escritura a disco y la gestión de volúmenes (discos lógicos o dinámicos) se hace más flexible, terminando así con una de sus carencias. Pero en estos casi tres años de intenso desarrollo desde que apareció la 2.4, el proyecto de núcleo (kernel), que en esta ocasión codirigen Andrew Morton y Linus Torvalds, ha enfocado sus mejoras en el soporte de sistemas multiprocesador.
Linux ya soportaba multiprocesamiento paralelo, pero hasta ahora sólo podía garantizar un crecimiento lineal del rendimiento con un máximo de ocho procesadores. Ahora puede hacerlo con 32 sin problemas. Este aumento de escalabilidad tendrá sus consecuencias.

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